Sabuesos

Posted in Uncategorized on 2 julio 2012 by baisser

Es una noche cerrada, en medio del bosque. Sin aliento, y con la camisa desgarrada por alguna rama sigue corriendo entre las raíces de los árboles y las hojas secas.  A cada segundo que pasa se le hace más difícil mantener la orientación y seguir escapando en la misma dirección.
De vez en cuando mira hacia el cielo cubierto de nubes y en muy pocas ocasiones logra ver el destello de una luna escondida.

Vuelven los ladridos lejanos de sus cazadores, incansables, y terroríficos. Su falta de moral o atisbo de humanidad los hace aun más temibles si cabe. Hace horas que sigue corriendo colina abajo en busca de un rio o un camino que le lleve a la civilización y a poder ser lo aleje de estas bestias que intentan descuartizarlo. Pero, ¿ha visto a los perros? Los ha escuchado claro, los lleva escuchando toda la noche desde que escapó del caserío. Se sacude la cabeza, no debe pensar, tan solo seguir corriendo.
Después de horas escapando,  escucha el susurro de un arroyo cercano, -por fin- sisea para sí mismo. Pero no comprende, como puede ser que a pesar de haber dejado atrás a sus perseguidores pueda escucharlos cada vez más cerca.  En cuanto llega al riachuelo los ve. Son ellos, la pareja de sabuesos que andan tras él. ¿No estaban persiguiéndole?

No va a rendirse ahora. Da media vuelta y continua su carrera virando hacia el este. Mira atrás para asegurarse de que no le siguen y al ver solamente arboles y sombras respira tranquilo. Pero los ladridos comienzan de nuevo, desesperado acelera la marcha aunque los perros parecen estar cada vez más cerca. Agotado cae rendido en el suelo, esperando a sus incansables perseguidores, no tiene intención alguna de defenderse. Pero no aparecen y los ladridos cada vez más lejanos se apagan en la fría noche. Exhausto y sin comprender nada, se levanta y esta vez, en vez de correr en dirección contraria vuelve por donde ha venido, hasta que después de unos minutos de andar se encuentra con los sabuesos nocturnos que han hecho su vida imposible desde el momento en el que comenzó su evasión. Están quietos, jadeando y mirándole a los ojos. Permanecen en su sitio, tanto los perros como él y al no poder soportar su mirada ni un segundo más, da media vuelta hastiado de la conducta estúpida de sus enemigos. En ese mismo instante es cuando se abalanzan a su espalda y sin escrúpulos desgarran la flácida carne y los duros tendones. La sangre brota y salpica la hierba húmeda del bosque.

La Tonta Indiferencia

Posted in Uncategorized on 22 marzo 2012 by baisser

Uno, dos, tres, cuatro. Toma aliento, respira. Uno,  dos , tres, cuatro. Gira y empieza de nuevo. Uno,dos,tres,cuatro. Ya falta poco. Uno, dos, tres, cuatro.
No entiende, como después de doce años, puedan cansarle cada día un poco más los mismos dieciséis escalones y los tres pequeños descansillos.Jenny era joven, tenia piernas fuertes aún, y para cuando  llegó a los baños, estaba tapándose sus voluptuosos senos con el buzo de trabajo.  Ella en cambio necesitaría  varios minutos para dejar de escuchar los lamentos de sus pantorrillas y  los gritos histéricos de sus varices.

Durante todos estos años trabajando, siempre se había sentido orgullosa por ser una mujer con fuertes convicciones. Era parte de la cadena de montaje, una pieza más en la producción en serie de una de esas empresas encargadas de crear esos jabones divinos que dejaban la ropa de vuestros hogares impoluta y blanca como los ángeles. Su simbiosis con las maquinas era total. Baja la palanca, espera a que llegue la siguiente pastilla de jabón, carraspea y regurgita sus flemas exactamente en el centro, justo antes de estampar el nombre de la marca.
Siempre se había preguntado si todas aquellas amas de casa se habrían dado cuenta alguna vez de las pequeñas manchas verdes que ocasionalmente contenían sus jabones preferidos, y si es así, si se ponían a pensar  de donde procedían.

Desde tiempos inmemorables  los escultores, arquitectos, pintores y hasta carpinteros habían dejado una pequeña muesca, un dibujo o una estampa en sus creaciones, símbolo de su creador, del artista, que hacia única  y eterna a la pieza. No veía porque  no tenía el mismo derecho que ellos a hacerlo. Al final del día, la mierda de sueldo no parecía tan pequeño, y las cucarachas de su cocina pasaban desapercibidas una noche más.

Pero hoy era diferente, se notaba extraña, ausente. El mismo Ford  habría bendecido sus trabajos y sus tempos al presenciar la maravillosa relación entre ella y su cinta de producción. Pero esta mañana fallaba algo, sus cuarenta y pico años pesaban más que nunca, y la sonrisa de Jenny era más grande de lo habitual. Ni siquiera tenía ganas de escupir sus entrañas en los perfumados jabones recién horneados. Le daba exactamente igual.

¿Cuál era su cometido entonces? ¿Para qué demonios estaba en su puesto si no era capaz de soportarlo? O lo que es aún peor, ¿Por qué no le importaba estar allí sin aportar su ración de mierda que haría mantenerla cuerda un día más?

 

La indiferencia era peligrosa, pensó Pilar. Hacía que todo aquello que merecía la pena en su vida no importará nunca más. Y de pronto se acordó de todos sus novios, de todas las puertas cerradas y de todos los caminos que no tomo. Agitó la cabeza, cerró los ojos. Lloró.

Y después del descanso volvió a carraspear, a esculpir su obra, volvió a ser ella.

Bidegurutzea

Posted in Uncategorized on 7 marzo 2012 by baisser

Definitivamente, no importa hacia qué lado gire. La noche cerrada y la poca iluminación de esta carretera perdida en las montañas no ayudan en absoluto a la hora de orientarme. Abro la ventanilla y echo la última humareda de este soldado muerto. Siempre me recuerda que no le gusta el olor a alquitrán en el coche.

Arranco una vez más y en esta ocasión me dirijo hacia adelante, ya que ninguna de las otras direcciones me  ha servido para mucho.  Recorro los caminos llenos de polvo intentando vislumbrar alguna señal de la luna, que lleva escondida desde medianoche.-¡Sal maldita sea!- Pero mi vista tan solo ve piedras y polvo. Y algún que otro bache que hace estremecer los amortiguadores de mi viejo coche.

 

Paro. Otra vez el mismo árbol seco a mi derecha. Otra vez la misma encrucijada.
Hacia la derecha, la izquierda o el camino de enfrente. Enciendo otro cigarro y abro la ventanilla. Pienso cual de los caminos será esta vez, quizás pruebe hacia la izquierda, quizás, para cuando vuelva la luna haya aparecido y las nubes se hayan dispersado. Eso espero, porque el paquete se está terminando.

El mal de Pericles

Posted in Uncategorized on 8 noviembre 2011 by baisser

La peste trajo una mayor falta de respeto por las leyes en otros aspectos. Pues cualquiera se atrevía con suma facilidad  a entregarse a placeres que con anterioridad ocultaba, viendo el cambio brusco de fortuna de los ricos, que morían repentinamente, y de los que hasta entonces nada tenían y que de pronto entraban en posesión de los bienes de aquéllos. De suerte que buscaban el pronto disfrute de las cosas y lo agradable, al considerar igualmente efímeros la vida y el dinero.

Y nadie estaba dispuesto a sacrificarse por lo que se consideraba un noble ideal, pensando que era incierto si iba él mismo a perecer antes de alcanzarlo. Se instituyó como cosa honorable y útil lo que era placer inmediato y los medios que resultaban provechosos para ello. Ni el temor de los dioses ni ninguna ley humana podía contenerlos, pues respecto de lo primero tenían en lo mismo al ser piadosos o no, al ver que todos por igual perecían; por otra parte, nadie esperaba vivir hasta que llegara la hora de la justicia y tener que pagar el castigo de sus delitos, sino que sobre sus cabezas pendía  una sentencia mucho más grave y ya dictaminada contra ellos, por lo que era natural disfrutar algo de la vida antes de que sobre ellos se abatiera.

 

Tucídides

Un suspiro

Posted in Uncategorized on 8 noviembre 2011 by baisser

Cañones, bombas y estruendos. Piso los cristales rotos, esparcidos por toda la calle, como si de una alfombra ruidosa y brillante se tratara. Es un momento extraño, un instante al cual no puedo acostumbrarme, los segundos anteriores al derrumbe de todos los rascacielos de la ciudad.
Debería ser un suspiro, una calada al cigarrillo, un parpadeo, pero ahora mismo tengo la sensación de haber estado toda mi vida esperando a ver la ciudad caer.

En parte, me quedaría más tranquilo si oyese al fin, el ruido, si viese el desastre ocurrir delante de mis narices.

Me gustaría aspirar el polvo que pudieran levantar todas esas caídas y derrumbes pero parece que siempre podemos encontrar un risco o saliente al que agarrarse para resbalar al poco tiempo una vez más, y prolongar así, hasta la eternidad la gran explosión.

Esperaré entonces a verlo todo caer, en el mismo sitio donde estoy, de pie, e intentaré no cerrar los ojos cuando ocurra, para no perderme este último espectáculo.

Viaje a través del infierno

Posted in Uncategorized on 2 agosto 2010 by baisser

Dicen sobre el infierno, que debe oler a azufre. Dicen que está lleno de fuego, llamas  y que estas, arden constantemente. Su calor es insoportable. Dicen de él, que tan sólo aquellos que han vivido en pecado y no reciben el perdón de Dios todopoderoso lo visitarán.

Mi infierno huele a sudor, a tabaco y a perfumes baratos. En mi infierno particular el calor ha sido suplantado por una gélida brisa, por un aire acondicionado, capaz de desgarrarte cruelmente la garganta noche tras noche. Y aunque estoy viviendo en pecado, aún no he muerto, o al menos no he tenido constancia de ello.

En este que es mi Hades, mi submundo. No hay demonios ni ángeles caídos dándome latigazos sin descanso, torturándome a placer durante toda la eternidad. Son las hamburguesas, el atún en lata y la cerveza barata quienes me acosan, me maltratan y me hacen sufrir cada kilometro que recorro en esta pesadilla. Cada euro ahorrado es un pinchazo en mi querido estomago.

Satanás y Lucifer se han encargado de millones de almas en su propio reino. En este inframundo con ruedas, es Paco, el conductor, el único que mantiene atadas nuestras 35 almas a este sin vivir diario.

Lo peor de todo esto es, que durante milenios la gente a intentado dar esquinazo a este país de pesadillas, y nosotros, pobres diablos, hemos tenido que pagar 400 euros por el viaje  y lo volveríamos a hacer sin ninguna duda.

Europa, 2009

El Tedioso Orden

Posted in Uncategorized on 8 marzo 2010 by baisser

El crepitar de las vigas ardiendo se convirtió en el único  sonido de esta noche de invierno. Sentado en una colina cercana veía el clímax de todas esas noches que paso pensando que es lo que fallaba. Durante décadas, todo en lo que había creído se iba convirtiendo en polvo mientras nadie hacia nada para solucionarlo, aunque en realidad tampoco parecía haber una solución.

Tocar su amuleto siempre le había hecho sentir mejor y este día tan glorioso no paraba de hacerlo, creía en verdad que su dios lo estaría mirando ahora, guiñándole el ojo. Por fin había entendido como devolver todo su esplendor a una iglesia que parecía muerta moralmente, sin vías de escapatoria. La Religión estaba perdiendo su razón de existir en esta sociedad tan asquerosamente ordenada y encasillada. Durante siglos, la humanidad había abrazado fervientemente la razón y el orden, convirtiendo sus vidas en un tedio que parecía no terminar jamás. Sus vidas eran seguras, tenían el estomago lleno y nadie temía por su vida, era el orden, la civilización, la razón. No había razón para querer ganarse el cielo siempre y cuando pudieran tener un segundo más para aprovechar el paraíso terrenal y los sacerdotes de las diferentes ordenes se volvieron ciegos a  todo esto, o quizás ellos mismo prefirieron este paraíso lleno de adosados, comida rápida y telebasura.

El orden por lo tanto se convirtió en el enemigo de la Religión, el cual hacia que esta perdiera todo sentido a existir, había que acabar con ese tedioso orden, con esa buena vida. Tendría que llegar el caos, la guerra, la sangre y la muerte para que las iglesias volvieran a acoger en masa a fieles asustadizos y temerosos de dios, pidiendo una ayuda, una salida de emergencia al infierno en la tierra.

El fuego devoró las últimas casas cercanas a la iglesia que hacía tiempo ardía intensamente haciendo insoportable el calor. Incluso en la colina se notaba aquel calor que tanto había ansiado. El hambre y la destrucción, el desasosiego, el miedo, era lo que necesitaba cualquier religión para prosperar y este sacerdote lo había entendido. El pueblo desapareció esa noche, mientras manoseaba la cruz que tanto consuelo le había traído aquel día.