All flesh must be eaten

Publicado en Uncategorized el 9 mayo 2009 por baisser

Los baños de las funerarias siempre estaban sorprendentemente limpios. Quizás fuese porque la gente no suele usarlos, o porque la mayoría de sus clientes no pueden usarlos, excepto estos claro. Nunca se me olvidará la cara de la abuela Asunción cuando vio que su hermana salía del féretro y rompía la cristalera para empezar a devorar al tío Ramón. Ninguno de nosotros se movió un ápice mientras el tío pedía auxilio con una voz cada vez más ahogada mientras mi querida abuela rasgaba incansable el estómago de su primera víctima.

El primero en reaccionar fueron algunos conocidos de la recién resucitada. Salieron corriendo como cualquier otra persona cabal haría. La verdad es que eso hubiera sido una buena idea si todos los demás muertos no se habrían levantado.

Cuando apenas quedábamos media docena de personas en pie tuve la brillante idea.
Salí disparado y me encerré en el lavabo esperando a que los gritos de auxilio y socorro se convirtieran en gruñidos de ultratumba.

Fue entonces cuando empecé a ver con mejores ojos a Estados Unidos y sus tejanos con armas. Lo que hubiera dado yo entonces por una buena automática con la que desparramar los sesos de todos esos zombis malhumorados que aporreaban la puerta con mínima eficacia. Yo, que siempre me he creído un fan de todas aquellas películas de zombis de serie B echaba de menos un buen súper mercado donde atrincherarme con alguna persona afroamericana y una buena rubia.

Pero basta ya de soñar. Los zombis son reales, y huelen tan mal como se esperaba de ellos. La puerta no durará mucho más en pie, y es hora de buscar alternativas. Una de ellas es abrir la puerta y salir corriendo esperando que los zombis sean tan lentos como siempre nos han contado. La otra alternativa es llamar a la policía.

Sin cobertura

Genial

Quito el pestillo y salto sobre lo que queda de mi primo que se arrastra por el suelo sin una pierna. La mayoría de ellos podrían pasar por gente normal si no fuera por la sangre que les sale a chorros por todos los lados y la mirada sin pupilas dirigida hacia la única persona con un cerebro intacto todavía.

Corro como un poseso dejando atrás a todos mis perseguidores, ni siquiera tienen fuerza para agarrarme las piernas o los brazos. Llego a la entrada y es entonces cuando veo el cadáver del guarda de seguridad, con la pistola en la funda. Al parecer alguno de los comensales tenía demasiada hambre y no queda más que una masa sanguinolenta de la cara del pobre Francisco, a punto de jubilarse.
Cojo la pistola, y empiezo a disparar. Intento apuntar a la cabeza y noto el pequeño retroceso del arma de fuego, los casquillos por los suelos y las cabezas explotando a mí alrededor, ensuciándome de sangre ajena y sintiéndome mejor que nunca.

Creo que no voy a escaparme, al menos hasta que se me gasten las balas.

La felicidad está a una invasión zombi de distancia.

Recluso

Publicado en Uncategorized el 21 marzo 2009 por baisser

Cuando las cadenas son puestas voluntariamente aprietan más que nunca. Los latigazos consentidos duelen horrores y dejan la carne de la espalda a tiras. El dolor es algo insoportable y después de ducharse, el joven no logra mirarse en el espejo de su celda.

Cuando llega el amanecer, recoge su ropa y sale de la cárcel como si no hubiese pasado nada. Los demás reclusos se preguntan porque vuelve día tras día pues nunca ha sido culpado de nada, y si lo ha sido, nadie sabe a ciencia cierta de que.

Pero para él, el castigo más duro nunca fueron los latigazos o la humillación de la cárcel, el castigo más duro era no poder quedarse dentro de su celda como todos los demás.

Tergiversando

Publicado en Uncategorized el 8 marzo 2009 por baisser

El filo resplandece esta noche. Iluminado por la luz de la luna el cuchillo parece un símbolo de cualquier cosa que esté pensando el joven. Las luces de las farolas crean unas sombras terroríficas con los arboles en los que antaño jugaba con aquel balón de plástico. La iglesia toca las doce, llega la hora en la que el niño dejará a un lado su vida y gritará una última vez a todas las personas que un día le hicieron daño.

Los charcos de la pequeña plaza empapan sus deportivas y la lluvia, suave, amigable, refresca sus ideas una vez más. Coge las llaves y abre el portal.

El ruido de las tablas de madera siempre le ha parecido divertido, ya que nunca a llegado a saber que ruido harán la próxima vez que las pise y esta vez a intentando oír ese ruido más que nunca, parece como si fuera a echar de menos ese chirriar tan familiar.

Mientras sube los cuatro pisos del edificio recuerda como hace tiempo que dejo de llamar al vecino para tomar prestados todos aquellos comics que no entendía, pero con los cuales pasaba tardes enteras viendo sus dibujos, llenos de palabrotas y sangre. Su vecino siempre le dijo que eran increíbles, por su gran trama y sus elaborados diálogos, pero el tan sólo tenía ojos para aquellos dibujos que ocupaban hojas enteras.

El viento soplaba con fuerza en la azotea de su casa. La luna lo miraba con desdén y las estrellas habían desaparecido entre las nubes de esta noche tan tranquila. Pero quizás cuatro pisos no eran suficientes. Aunque había pensado en esto también, y el cuchillo podría ayudarle en su empresa. Durante todo este tiempo, había pensado en esta idea y siempre llegaba a la misma conclusión. Estaba harto de toda esa gente que había usado este acto para su fama, su gloria o su propio ego. Pensaban que así todo terminaría, pero no era más que puro egoísmo, o al menos eso pensaba él. ¿Quien sino se tiraría de un puente en medio de una ciudad? ¿Cansado de la vida? Para acabar con ello no tiene porque verte nadie o saber nadie lo que te ha pasado, no necesitas dejar un charco de sangres y sesos en las aceras de una ciudad, no necesitas escribir una última carta, no. Si estas aburrido, no necesitas nada de esto.

Lo que el pobre chaval iba a hacer era digno de cualquier revolucionario de este siglo. El aburrimiento no era la excusa para intentar ser alguien en esta vida, no.

Empieza a dolerle la cabeza. Todo este viento de invierno ha hecho mella en él y a pesar de llevar una cazadora y varias camisetas, tiembla de frio. Corta la fina tela de carne  y deja manar la sangre tibia por todo el cuello hasta manchar  la ropa. Se adelanta y mira hacia abajo. Esta seguro, cuatro pisos no serán suficientes pero espera desangrarse antes de que llegue algún tipo de ayuda.

Empieza a tambalearse y comienza a ver todo el paisaje borroso, casi no puede distinguir el reloj de la iglesia. No le queda mucho tiempo. Está harto de ver como todo símbolo o forma de pensar que quizás hubiesen valido algo en este mundo se hayan usado para los intereses de pocos, o de muchos. Ideologías enteras se imprimen en camisetas de 10 euros, rostros de personas son usadas como puro marketing e incluso actos tan íntimos como este empiezan a perder el sentido en este mundo sin rumbo. El joven ha llegado a su límite y se tira al vacio.

La caída es terrible pero no siente dolor alguno, tan sólo un gran impacto. Aún puede ver cuando la gente empieza a arremolinarse en torno a su cuerpo desecho. No ha dejado carta alguna, y su vida no era ningún infierno, pero odia que las personas conviertan algo tan especial como esto en algo asquerosamente rutinario y normal.

Recuerdos

Publicado en Uncategorized el 30 enero 2009 por baisser

Las personas solemos tener la mala costumbre de enterrarlo todo. Enterramos, nuestros tesoros, nuestros muertos, nuestra vida e incluso los recuerdos. Es nuestra medida de protección frente a todo aquello por lo que tenemos miedo. Creemos que debajo de una capa de tierra o en algún otro caso de olvido podremos vivir en paz, dejando todo lo enterrado a un lado, a dos metros bajo tierra.

Hace tiempo, enterré algo que pensaba, me estaba haciendo daño. Lo enterré en una cámara sellada, en una cripta, y pensé que así, jamás volvería a recordarlo. Los tesoros o los muertos pueden ser desenterrados, e incluso esa vida que intentaste esconder, puede volver a ti, indiferentemente del bien que pueda causarte esto. Pero los recuerdos son algo totalmente diferentes.

Los recuerdos pueden esconderse y durante mucho tiempo se quedarán, allí donde quiera que los hayas dejado. Pero, cuando estás tumbado en la cama, intentando conciliar el sueño, ese recuerdo, se materializa, rompe todas sus cadenas y hace volar esa habitación sellada por los aires, entrando hasta la cocina, directamente, y sin tocar a la puerta. En realidad, los recuerdos, no tienen ningún respeto hacia nadie, entran y salen cuando ellos quieren y normalmente no suelen preguntar. A pesar de todo, el error es nuestro, una vez más.

Como he dicho antes, creemos ingenuamente que los recuerdos deben de estar encerrados y solemos hacer como si no existieran. Alguno de ellos toca tímidamente la puerta de su habitación sellada, e incluso el hombre más rudo se hace un ovillo con las sabanas. Pero cuando de repente salen, vuelan y llegan a ti, te das cuenta de lo equivocado que estabas. Pueden doler durante un momento, unos minutos, o años, pero al final, merece la pena.

Ahora los recuerdos, que con tan poca etiqueta llegan hasta mi, son recibidos con los brazos abiertos, esperando un abrazo que todos sabemos que dolerá, pero que al fin y al cabo, nos reconfortara un poco todas esas noches que intentamos conciliar el sueño.

Los Caballeros de las armaduras oxidadas

Publicado en Uncategorized el 7 enero 2009 por baisser

Las armas y armaduras pueden mellarse, e incluso después de eso hay gente que logra seguir en pie luchando. En mi caso, mis armas y armaduras siguen brillando como el primer día, y sigo luciéndolas orgulloso por cada calle en la que paseo, por cada sitio por el que paso, y toda la gene mira con envidia y admiración mi figura.

Lo que realmente no sabe nadie es que debajo de esa armadura reluciente y magnifica, el cuerpo se marchitó hace tiempo, avergonzado sigo paseando y mantengo mi cabeza bien alta. Pero a pesar de esto, no culpo a nadie ni a nada, yo preferí esto, preferí pensar que podría llevar el peso de la armadura en mis ahora, cansados hombros. Pero no lo hubiera hecho si no fuese por aquellos caballeros que al igual que yo pasean avergonzados y altivos al mismo tiempo, mientras una nube de moscas sigue sus pasos.

Pero no penséis que solamente estamos nosotros. Detrás de todas esas calles y con la cabeza agachada, los caballeros de armaduras oxidadas se esconden en las esquinas de los callejones más oscuros de las ciudades, esperando que alguien se dé cuenta del engaño, porque a pesar de las apariencias recordar que las moscas siempre van a la mierda.

The rotten apple

Publicado en Uncategorized el 17 diciembre 2008 por baisser


Erase una vez, una princesa. Esa princesa tenía todo lo que pudiera desear y era feliz mientras paseaba sola y segura por las viejas carreteras de su reino. Una noche, los bosques proyectaron una luz extraña, y aunque a primera vista pensó que sería la luz de la luna, la curiosidad le hizo desviarse de su ruta.

Tal y como había dicho antes, su vida estaba llena de felicidad, y cada día que pasaba daba gracias por sus conocidos, su familia y su hogar. Sus rizos bailaban al son del viento y no tuvo más que cerrar los ojos al llegar a la fuente de esa luz tan extraña. La luz iluminaba todo el claro pero no fue la luz la que le llamó la atención entonces.

Un olor nauseabundo le invadió y sus fosas nasales no dieron abasto. En un principio se echó atrás e intento taparse la nariz, pero a pesar de ello, el olor penetro una vez más, y le entraron arcadas. Echo a correr hacia el sendero y pensó que jamás volvería a ese sitio tan repugnante. Pero tras un momento la idea no le parecía tan estúpida.

Estaba acostumbrada a lo precioso, lo maravilloso y lo encantador, y aunque pareciese una locura ese olor le atraía más que cualquier cosa. Durante unos instantes pensó que se estaba volviendo loca pero no hizo caso a las voces de su interior y tapándose la nariz volvió al claro.

La luz había desaparecido y en lugar de ella se encontraba una cesta llena de manzanas relucientes y apetitosas. Se acerco hasta las frutas y se agacho para olerlas de cerca. Estaba claro, el olor llegaba de esa cesta de manzanas. Las probó, y ninguna le gustó, pero el olor seguía, y aun quedaba una manzana.

La tocó y aunque parecía tan sana como las demás, se arrugo mientras la apretaba. La mordió con ansias y el jugo le mancho el mentón. El olor se hizo cada vez más insoportable y la manzana podrida se deshacía en la boca de la niña. Los gusanos buscaban su propio camino en la garganta de la princesa y cuando termino, lloró.

Nunca antes había probado algo tan asqueroso, tan horrible, pero a pesar de todo, fue la manzana que más le gusto del cesto y aunque siguió viviendo en su hogar, con su familia y sus amigos jamás olvidaría aquella manzana que le hizo olvidarse de todo aquello para poder sentir un placer indescriptible durante un breve periodo de tiempo.

Libertad

Publicado en Uncategorized el 8 diciembre 2008 por baisser

El frio nos hacía temblar y el poco calor que desprendía la calefacción no atenuaba las convulsiones del cuerpo. Estábamos de pie, como unos espantapájaros, pudiendo estar sentados en el sofá que teníamos en frente, pero por alguna razón nos quedamos de pie mirándonos, y paso de nuevo.

Realmente se que no soy ningún loco, y aunque mi comportamiento podría calificarse como algo psicótico, creo que es algo normal, algo que todos lo hemos pensado o algo que siempre ha estado allí pero no hemos querido sacar. Su mirada era una invitación para los abrazos que tanto me gustaban y en cierto modo esperaba fundirme en su pecho como tantas otras veces pero algo había cambiado. Era un momento idílico pero unas ansias irrefrenables me hacían imaginarme una bofetada o una patada en toda su bonita cara, destrozando el momento, haciendo algo que carecía de sentido alguno.

Siempre me pasaba lo mismo, siempre sentía que tenía que hacer algo para romper con el momento, ya fuese con mi madre o mientras hablaba con la profesora. Siempre se deslizaba a través de mí, ese pensamiento que como un rayo hacia que pudiera perder el control aunque siempre lo conseguí frenar, hasta hoy.

Me extendió los brazos para rodearme y como respuesta obtuvo un puñetazo en la nariz, haciéndole sangrar abundantemente, y tras el duro golpe cayó, retorciéndose en la alfombra. La tranquilidad y el placer invadieron todo mi cuerpo y no lograba entender porque había intentado retener todo esto dentro de mí. Era pura violencia, violencia que a pesar de todo era natural, sana y muy exquisita.

La mujer de mi vida yacía en el suelo, sollozando y murmurando que no entendía nada. Yo no podía hablar, seguía temblando, pero sabía que no era por el frio de este invierno. A pesar de haberme quedado satisfecho con el resultado de mi nueva libertad no estaba completamente lleno, había pasado mucho tiempo desde que soñaba hacer esto, y no, no soy ningún psicópata, sólo soy alguien que intenta estar en paz consigo mismo.

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