Un suspiro
Cañones, bombas y estruendos. Piso los cristales rotos, esparcidos por toda la calle, como si de una alfombra ruidosa y brillante se tratara. Es un momento extraño, un instante al cual no puedo acostumbrarme, los segundos anteriores al derrumbe de todos los rascacielos de la ciudad.
Debería ser un suspiro, una calada al cigarrillo, un parpadeo, pero ahora mismo tengo la sensación de haber estado toda mi vida esperando a ver la ciudad caer.
En parte, me quedaría más tranquilo si oyese al fin, el ruido, si viese el desastre ocurrir delante de mis narices.
Me gustaría aspirar el polvo que pudieran levantar todas esas caídas y derrumbes pero parece que siempre podemos encontrar un risco o saliente al que agarrarse para resbalar al poco tiempo una vez más, y prolongar así, hasta la eternidad la gran explosión.
Esperaré entonces a verlo todo caer, en el mismo sitio donde estoy, de pie, e intentaré no cerrar los ojos cuando ocurra, para no perderme este último espectáculo.