Archivos para noviembre, 2011

El mal de Pericles

Publicado en Uncategorized el 8 noviembre 2011 por baisser

La peste trajo una mayor falta de respeto por las leyes en otros aspectos. Pues cualquiera se atrevía con suma facilidad  a entregarse a placeres que con anterioridad ocultaba, viendo el cambio brusco de fortuna de los ricos, que morían repentinamente, y de los que hasta entonces nada tenían y que de pronto entraban en posesión de los bienes de aquéllos. De suerte que buscaban el pronto disfrute de las cosas y lo agradable, al considerar igualmente efímeros la vida y el dinero.

Y nadie estaba dispuesto a sacrificarse por lo que se consideraba un noble ideal, pensando que era incierto si iba él mismo a perecer antes de alcanzarlo. Se instituyó como cosa honorable y útil lo que era placer inmediato y los medios que resultaban provechosos para ello. Ni el temor de los dioses ni ninguna ley humana podía contenerlos, pues respecto de lo primero tenían en lo mismo al ser piadosos o no, al ver que todos por igual perecían; por otra parte, nadie esperaba vivir hasta que llegara la hora de la justicia y tener que pagar el castigo de sus delitos, sino que sobre sus cabezas pendía  una sentencia mucho más grave y ya dictaminada contra ellos, por lo que era natural disfrutar algo de la vida antes de que sobre ellos se abatiera.

 

Tucídides

Un suspiro

Publicado en Uncategorized el 8 noviembre 2011 por baisser

Cañones, bombas y estruendos. Piso los cristales rotos, esparcidos por toda la calle, como si de una alfombra ruidosa y brillante se tratara. Es un momento extraño, un instante al cual no puedo acostumbrarme, los segundos anteriores al derrumbe de todos los rascacielos de la ciudad.
Debería ser un suspiro, una calada al cigarrillo, un parpadeo, pero ahora mismo tengo la sensación de haber estado toda mi vida esperando a ver la ciudad caer.

En parte, me quedaría más tranquilo si oyese al fin, el ruido, si viese el desastre ocurrir delante de mis narices.

Me gustaría aspirar el polvo que pudieran levantar todas esas caídas y derrumbes pero parece que siempre podemos encontrar un risco o saliente al que agarrarse para resbalar al poco tiempo una vez más, y prolongar así, hasta la eternidad la gran explosión.

Esperaré entonces a verlo todo caer, en el mismo sitio donde estoy, de pie, e intentaré no cerrar los ojos cuando ocurra, para no perderme este último espectáculo.

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