Archivos para junio, 2009

Ruido

Publicado en Uncategorized el 5 junio 2009 por baisser

Me encuentro enfrente de un semáforo y mientras espero a ver oscilar la luz anaranjada me fijo en un chaval que se encuentra a mi lado. Tiene los cascos puestos y seguramente no oiría absolutamente nada aunque le gritase a menos de un metro de su cara. Los cláxones de los coches hacen pitar mis oídos.

Llego a la oficina. Durante un breve momento parece que todo se queda tranquilo pero en unos pocos instantes comienzan a sonar todos los teléfonos a la vez, la gente grita y tengo que concentrarme totalmente para poder seguir con mi trabajo. Entre toda esta cacofonía, Lucia me entrega una sonrisa desde la máquina de café, supongo que intenta recordarme lo bien que lo pasamos ayer a la noche en estas mismas mesas.
El metro está realmente lleno. El ruido en las vías es a veces ensordecedor y el sonar de los móviles me taladra la cabeza incesantemente y sólo espero llegar pronto a casa para poder por fin algo de descanso. Al salir del vagón, la estación se vuelve en un cuello de botella donde la gente no puede respirar y va corriendo a todas partes.

Al llegar a casa los niños están durmiendo en sus habitaciones y mi querida esposa me aguarda en la cama, oigo su profunda respiración desde el pasillo. Me caliento las sobras de la comida y me siento en el sofá, me duermo viendo el documental sobre alguna guerra.
Estoy harto del ruido de la ciudad, harto de tener que dejar de pensar por el incansable sonido de los teléfonos o los coches. Llevo a mi familia al monte, tiene que ser perfecto, comer entre los árboles, con el único ruido de las hojas al mecerse con el viento. Nos sentamos en un claro con algunas mesas de madera y empezamos a comer. Los niños parecen felices y Helena esta preciosa.

Me aparto un momento de ellos y empiezo a caminar entre árboles y arbustos. Durante un momento, un pequeño momento dejo de oír a las risas de mis hijos y recuerdo los muslos de Lucia y de Carmen, los pezones de Sofía, el nacimiento de mi primer hijo, la muerte de mi padre. Me siento en la hierba.
Empiezo a llorar como un niño, gimoteo y golpeo la nada, el silencio hace que mi cabeza estalle, me hace sangrar de los oídos, la tranquilidad despierta todo aquello que las sirenas y los gritos han silenciado.

Salgo de allí y arranco el coche. Salgo a las calles de la ciudad y disfruto de los chirriantes sonidos que esta me proporciona, vuelvo a sentirme bien.

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